jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Por que la gente vota por su esclavitud?.



Lo ocurrido en Italia, Grecia y Libia convenció a mucha gente de lo que por otra parte ya era evidente: la existencia de un estado de excepción global, fundamentado sobre la administración de una emergencia interminable (económica fundamentalmente, pero también ambiental, sanitaria, humanitaria, etc.) cuya fuente de poder se ejerce a través de una serie de aparatos de gobierno nacionales y multinacionales pero que no emana necesariamente de ellos, sino que se cocina en las oficinas de los fondos de riesgo y las calificadoras, de Goldman Sachs y demás instituciones financieras “demasiado grandes para fracasar”, y en líneas más generales, en el reducidísimo pero variado mundillo de quienes encabezando ese despiadado proceso mundial de lucha por la acumulación que algunos llaman “crisis del capitalismo”, cuentan con el suficiente poder como para imponerle reglas.

Ahora bien, bajo esta “evidencia”, está claro que es difícil explicar lo ocurrido en España este fin de semana pasado. Y es que aunque todo lo anterior siga siendo cierto, necesariamente el triunfo del PP obliga a replantearse al menos uno de los supuestos, y de hecho el más importante de todos: el de la imposición de las reglas por parte de los agentes del Capital global. Claro está que no es la primera vez que un “gobierno de los mercados” llega al poder por vía electoral, pero también está claro que incluso en el caso de los más recientes (como Piñera) eran, por decirlo así, otros tiempos. Piñera y el propio Berlusconi al menos podían alardear de algunos de los principios caros al neoliberalismo histórico, como la libertad de mercado y el emprendimiento. Digamos, eran parte de una época para nada lejana en la que la tecnocracia neoliberal -aunque ya decadente- podía aún identificarse con el progresismo. En cambio Rajoy es el primer presidente del neoliberalismo en estado puro electo por las mayorías, sin mediaciones ni lubricación: más allá de la tontería del “voto castigo” ganó porque ofertó mayor sumisión, porque prometió hacerle la vida más miserables a todos los españoles, porque garantiza mayor espolio, menos derechos y mayor pérdida de la soberanía en mano de los especuladores y las minorías. La diferencia entre Rajoy y Zapatero desde este punto de vista es desde luego de estilo: Rajoy hace explícito lo que Zapatero mistificaba y encubría con un impotente y cínico “no hay alternativas”. Eso desde muchos puntos de vista puede ser preferible, como pasó de hecho con Piñera ya que todo el mundo está claro a qué se juega. Pero no deja de ser inquietante este salto cualitativo del estado de excepción global del Capital cuando no es a través de una invasión como en Libia o de un golpe de estado tecnócrata como en Italia y Grecia, sino la propia masa la que soberanamente se somete ante unos poderes que claramente actúan contra ella. Es decir, Rajoy no es el Leviatán de ocasión al cual hay que someterse porque protege: es simplemente el agente ocasional del Leviatán de la sumisión llana y simple


Por supuesto, siempre se podrá decir que cuarenta y pico por ciento de los votos no es mayoría, que la manipulación mediática, que Izquierda Unida ya no tiene cinco diputados sino ocho, etc. Todo eso puede ser verdad, pero no explica ni justifica ni suaviza lo que pasó. Así las cosas, habrá que avanzar en el análisis de la condición de esta “nueva” situación de sometimiento objetivo, que pese a concentrarse en Europa no se limita a ella, mientras sin necesidad de ser trostkista uno no puede dejar de recordar aquello de que la crisis de la humanidad no es sino en el fondo la crisis del movimiento revolucionario.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Lopez Obrador, El Candidato.

Ya es oficial que Andrés Manuel será el candidato presidencial de los partidos de la Revolución Democrática, del Trabajo y Ciudadano, y del Movimiento Regeneración Nacional y que ellos, junto a otras expresiones sociales y políticas, trabajarán por la creación -a propuesta de Marcelo Ebrard- del movimiento progresista que pujará para llevar al primero a despachar en Palacio Nacional.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal, acompañado del tabasqueño de Macuspana, explicó al centenar de colegas que cubrieron el trascendente anuncio no sólo para las izquierdas sino para la vida política presente y futura, que “Podría yo argumentar que nos fuéramos a una elección interna de aquí a diciembre, pero no lo haré por congruencia”, además de que “una división en la izquierda representaría llevarla al precipicio. Eso no lo haré nunca”. Y remató: “Cumplo y acato los resultados de las encuestas, cumplo lo que he dicho. Hoy soy y le soy leal” a la causa, por encima de la vanidad.


En reciprocidad, el favorecido en tres de las cinco preguntas aplicadas por las firmas Nodos y Covarrubias a 6 mil encuestados mayores de edad en sus domicilios particulares, el antepasado fin de semana, estableció el siguiente símil: “Marcelo, como Ulises el de La Odisea, no se dejó cautivar por el canto de las sirenas, se puso cera en los oídos; nos está dando una lección: como ser humano”. Lo describió, además, como buen amigo y compañero, dirigente político extraordinario y excepcional que ha demostrado con hechos anteponer el interés general al personal.


No es para menos. Con tesis, escenarios, sentencias periodísticas y políticas -producto del pensamiento individual, pero también de los encargos de dirigencias partidistas y del grupo gobernante-, apostaron múltiples firmas al fracaso del acuerdo entre los dos aspirantes presidenciales y los hombres y mujeres que representan o se identifican con ellos.


Ríos de tinta y muchísimas ondas hertzianas sobre la presuntamente congénita vocación de las izquierdas para confrontarse, dividirse, empezarán a quedar atrás; pero no cejarán las voces que más por comisión que por convicción refrendarán las apuestas por la división de las siniestras.


Sin embargo, lo anunciado el martes 15 es apenas un primer paso, aunque importantísimo. Pero sólo eso. Falta andar el difícil y sinuoso camino de la construcción del movimiento progresista que se anunció, tan amplia e incluyente como lo permita el programa de gobierno para virar el rumbo del país, en el que fue inserto en 1982 por decisión unilateral de las elites nacionales, fuertemente impulsadas por las extranjeras, particularmente las estadunidenses.


Está por delante también que la vocación y el compromiso unitarios de los dos personajes, sus partidos y movimientos, permee a sus dirigencias altas y medias, militantes y adherentes, además por supuesto de los votantes duros pero sobre todo los potenciales.


Compromiso y vocación que pasa, además, por la elección o designación por la vía que convengan, de los candidatos que abanderará la coalición de las izquierdas para múltiples cargos de elección popular que estarán en juego el primer domingo de julio de 2012.


La convergencia de esfuerzos y la unidad en la acción política y electoral -desde arriba y desde abajo, y a la inversa, en un proceso simultáneo-, necesariamente tendrán que construirse cada día, todas las semanas y los ocho meses y medio que restan para la madre de todas las batallas.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

El gran capital no permitira otra Islandia.



El día 1 de noviembre de 2011 el socialdemócrata primer ministro de Grecia, Georgios Andreas (Yorgos) Papandreu, convulsionó a la Unión Europea (y al mundo), anunciando su intención de llamar a referéndum al pueblo griego, para que este se expresara sobre el “paquete” de medidas económicas impuestas a esa nación, condición inexorable de la Unión Europea, su Banco Central y el FMI (Fondo Monetario Internacional) para proporcionar la “ayuda” necesaria para que el Estado Griego pague la deuda que mantiene con los grandes bancos transnacionales.

Paquete clásico neoliberal, cuyo fracaso ya fuera demostrado hasta el cansancio en nuestra Latinoamérica y cuyo costo correrá por cuenta exclusiva de los ciudadanos griegos, que no sólo están viendo esfumarse sus empleos, sino que sufren además de la pérdida de todas las funciones sociales del Estado (eliminando los presupuestos en inversión social para cumplir con el “ahorro” impuesto por las instituciones financieras), de la pérdida de las instituciones públicas de servicios a través de la privatización obligatoria y de una grave crisis económica interna.


Parece evidente que la percepción política de Papandreu lo llevó a considerar la consulta al pueblo, ante la imposibilidad de controlar con la fuerza un movimiento social de resistencia que lleva ya casi dos años enfrentando estas medidas y paralizando al país con huelgas y manifestaciones masivas. Intentó de esta forma desviar la presión popular y buscar un apoyo político de las mayorías que ya no tiene. Quizás también en el fondo de su conciencia restaran trazos de una ideología “social” que contemplan en la teoría, tanto su formación política como su partido el PASOK (Partido Socialista de Grecia).


La respuesta “institucional” europea fue inmediata. El vocero principal fue un Nicolás Sarkozy (presidente francés) cargado de soberbia –posiblemente desde la seguridad proporcionada por su triunfo en la cruzada de conquista de Libia que abanderó, y que dejó para su país como botín principal el 35% del petróleo libio– quien emitió tajantes declaraciones que llegaron hasta afirmar: “…estamos dispuestos a ayudar a Grecia porque la solidaridad es la base de la construcción europea, al igual que el principio de lealtad, pero eso implica que Grecia por su parte cumpla sus compromisos…Siempre es legítimo preguntar al pueblo pero también está claro que no podemos estar en una situación de incertidumbre prolongada…”, dejando claro desde el principio la limitación a todo margen de decisión por parte del pueblo griego. Igualmente, el Consejo de la Unión Europea (compuesto por los principales bancos) hizo oír su desacuerdo con cualquier resultado posible de la opinión de los ciudadanos griegos que alterara los acuerdos económicos que fueran firmados el 26 de octubre para proporcionar la “ayuda” a Grecia. Finalmente, las bolsas de valores europeas se desplomaron (hasta en un 7%) ante el temor de los capitales especulativos de que un referéndum pudiera alterar las decisiones ya tomadas por el Estado griego.


A los dos días de su anuncio, el 3 de noviembre Papandreu concurrió a la reunión del G20 que se instaló en Cannes (Francia). No se ha hecho público lo hablado en reunión con Sarkozy y Ángela Merkel (canciller alemana) y luego en otra reunión ampliada a la que se unieron Silvio Berlusconi (Primer Ministro Italiano) y José Luis Rodríguez Zapatero (Presidente de España), lo cierto es que deben haberle explicado en detalle al primer ministro griego que los poderes europeos no estaban dispuestos a aceptar el referéndum propuesto y que en caso de realizarlo Grecia no vería un solo Euro de la “ayuda”, llevando quizás la amenaza hasta expulsar a ese país de la UE y del Euro (aunque en los tratados constitutivos no existe ningún basamento legal que lo permita, pero ya estamos claros hasta donde llega la realpolitik) Esto se provocó inmediatamente un giro de opinión de Papandreu, que esa misma noche pronunció en su congreso un penoso discurso, buscando el apoyo de la oposición para llegar a un “acuerdo nacional” que ratificara la vigencia de las medidas económicas (el “paquete”) que ya se habían pactado con los organismos económicos de la Unión, e hiciera “innecesario” el referéndum. El lamentable tono del discurso hizo acordar al de Zapatero cuando implementó las medidas económicas en su país, en el cual llegó a decir que si bien lo que estaba haciendo no le gustaba e iba contra sus convicciones, no quedaba más alternativa que llevarlo a cabo.


La oposición griega representada por el principal partido de oposición derechista Nueva Democracia, y por su líder Antonio Samaras, condicionó su apoyo a Papandreu a que éste renunciara, estableciera un Gobierno de Transición y llamara a elecciones en seis semanas. Sin embargo, Papandreu logró el día 4 de noviembre un “voto de confianza” del congreso lo que le permite seguir adelante en la constitución de un gobierno de “unidad nacional” pactando con otros partidos políticos, y blindando la posición del estado griego de aplicación de las medidas y dejando definitivamente de lado la posibilidad de llamar a referéndum.


Finalmente, el dúo Sarkozy–Merkel que está liderando las decisiones económico–políticas europeas frente a la crisis, en el marco de la misma reunión del G20 presionó al primer ministro italiano Silvio Berlusconi para que sea el Fondo Monetario Internacional quien controle la aplicación del “paquete” en Italia.


Todo este melodrama en varios episodios nos está mostrando que:


1) Hoy está a plena luz del día que los estamentos políticos de los países centrales están absolutamente a la orden de los intereses del gran capital, quien maneja completamente el mundo. En Europa –mostrado ahora con claridad por estos episodios– sus “lideres” toman las decisiones políticas para proteger el dinero de los grandes bancos y las corporaciones, y en los Estados Unidos el gobierno de Barak Obama ha demostrado y sigue demostrando como es un “prisionero” no solamente de los intereses de Wall Street, sino de su complejo militar–industrial, y cuyas decisiones políticas (incluso las de ir a la guerra) responden siempre directamente a las necesidades de ganancia y lucro de ambos sectores. Estos sucesos también demuestran cuan rápidamente actúan estos poderes, al impedir que Grecia se atreva a tomar el “mal ejemplo” de Islandia, donde a través de dos referéndum su pueblo decidió no a cargar con el peso de la deuda que el Estado tiene con los bancos europeos, y como el ejercicio de esa voluntad popular, a pesar de todas las protestas y resistencias de la Unión Europea, no sólo tumbó al gobierno y cambió la orientación político-económica del país, sino que ha permitido que empiece a recuperarse económicamente. El temor de los poderes establecidos es que se produzca un “efecto dominó islandés” que se difunda entre los países europeos más golpeados por la crisis (ahora es Grecia, pero Italia, España y Portugal están al borde del colapso) y que los pueblos puedan decidir que no van a pagar con su sacrificio las deudas que los Estados tienen con los grandes bancos, y ese temor ha provocado esta violenta reacción que mató rápidamente la posibilidad del referéndum griego.


2) El panorama también muestra la estrepitosa caída del mito de la “democracia representativa”, cuando los gobiernos europeos están cada vez más lejos de sus ciudadanos y cuando toman decisiones que afectan profundamente sus vidas y no están en absoluto dispuestos a tener en cuenta su opinión. Es algo más que paternalismo, son directamente conducciones autoritarias, encubiertas bajo una supuesta estructura democrática, que en los hechos son lo que un filósofo uruguayo llama las “dictablandas”.


3) Se muestra además el fracaso estrepitoso de las socialdemocracias, quienes diciéndose de centro–izquierda se han comportado como derechas, al imponer a sus pueblos los terribles paquetes neoliberales. Es que ya desde hace mucho tiempo (posiblemente desde los años 20 del siglo pasado, cuando fueron por primera vez gobierno en Francia), las socialdemocracias han caído en la trampa del sistema. Al ser parte integrante del mismo, no les queda más remedio que desaparecer de su acción todo tipo de intención de cambio, y diciéndose “socialistas” repiten el juego de los poderosos (y hasta les están sirviendo hoy de chivos expiatorios).


4) Este fracaso en Europa está llevando a que las derechas logren ir tomando el control de los Estados a partir de la decepción de los ciudadanos en las socialdemocracias. Así, es muy probable que en España gane (hasta hoy es lo que dicen las encuestas) el PP (Partido Popular); que si en Grecia se va a elecciones –que es lo que trata de evitar Papandreu– lo más probable sea una victoria de la derecha a través del partido Nueva Democracia y en Italia ya Berlusconi no finge ser un moderado sino que representa una derecha desnuda. Las máscaras siguen cayendo, nadie más adecuado para seguir en esa dirección que las propias derechas.


5) En definitiva todos estos son síntomas de la huída hacia delante del poder establecido, que sólo puede proponer más de lo mismo, sin percatarse que esto ha sido el origen de su crisis. Mientras tanto los movimientos populares de resistencia siguen enfrentando a los poderes establecidos. Aunque Papandreu logre un gobierno de unidad nacional con los partidos políticos, no creemos que eso evite la sistemática y creciente protesta en las calles. En España los “indignados” siguen manifestando, a pesar de ser reprimidos por el gobierno de Zapatero, y a través de toda la Europa donde está desapareciendo rápidamente el Estado de bienestar ahogado por la crisis, las protestas siguen surgiendo (como en Inglaterra por ejemplo donde son salvajemente reprimidas) considerando además que países como Italia son prácticamente bombas de tiempo prontas a estallar, cuando el peso de la deuda afecte la vida de su pueblo.


Mientras tanto la espiral crítica sigue profundizándose, a pesar de las optimistas declaraciones del G20 y de un camino al infierno empedrado de buenas intenciones, todo parece indicar que la incapacidad del sistema para trascender sus formas establecidas, solamente echa más leña al fuego. Todas las medidas que se toman no hacen más que empeorar las cosas. Las cifras son claras, las economías de los países centrales van hacia el colapso (mientras las ganancias de bancos y corporaciones siguen creciendo). La pregunta es ¿Qué sucederá cuando colapsen los estados nacionales de las grandes potencias o se derrumbe el sistema económico internacional?


Menos mal que en nuestra Latinoamérica las cosas parecen tomar otro rumbo, y a pesar de los compromisos con el sistema central, las voluntades políticas y económicas nos están llevando a elaborar una agenda propia para el futuro inmediato. Esperemos que de esa forma con nuestros propios esfuerzos podamos constituirnos en una respuesta a la crisis general (o por lo menos logremos sobrevivirla).

sábado, 29 de octubre de 2011

Un cuento para las juventudes de Libia.








La dignidad en la búsqueda del tiempo.


Había una vez una ciudad llamada Sirte, una ciudad preciosa, su clima era envidiable. El sentido poético de sus habitantes estaba marcado por esa extraordinaria temperatura, donde los vientos forman gigantes dunas. Éstas empujaban los sueños, y el fuego del cielo desparramaba las nubes altas formando montañas y flores que adornaban su vida; sus ojos grandes lucían miradas hermosas y el desierto era un pulmón que respiraba rodeado de cientos de árboles. Esta ciudad se encontraba en un país llamado Estados Unidos de América. Durante el día sus habitantes laboraban y estudiaban con total armonía y felicidad, rodeados de extensas tierras de regadío, hasta becas tenían para el que quisiera estudiar una carrera fuera del país; algo importante, su moneda era fuerte y no dependía su economía de otros países, porque no tenían deuda externa. Era una ciudad tranquila, alejada de las grandes urbes lo suficiente para que nadie, nunca se acordara de ella, y menos de sus habitantes que vivían en su oasis particular.
Un mal día, un grupo numeroso de banqueros -“Hienas” S.A. - dueños de empresas armamentistas -empresarios privados judíos- y presidentes de los mayores medios de comunicación, huyendo del imperio de “Las Mil y Una Noches” deciden refugiarse en Sirte, pensando que allá nadie les buscará ni atrapará . Pero los tentáculos del imperio son muy largos y eficaces. En la ciudad tenían agentes comunistas, anarquistas, antisistema, ateos, masones, negros marginados, latinos indocumentados, hasta un pacifista y un político humanista tenían!, eso sí que es difícil de encontrar en el mundo!, y claro, el imperio de las noches de Oriente rápidamente intuyendo el peligro, cercó, acorraló y acosó a tan “ilustres personajes”, también a sus hij@s por supuesto, sus colaboradores mas directos, y amantes, a la vez que se adueñaban de sus riquezas naturales y de todo el oro del país dejando las reservas del Banco Nacional vacías.

Entre los acosados se encontraba su representante, un presidente casi negro, el mestizo Obama, que fue interceptado por “aviones” espías del imperio de “Las Mil y Una Noches”. Estos aviones eran como alfombras voladoras, sin ruido, sin motores, pero eficaces.
Luego, de una lámpara maravillosa salió un mago grandullón con cara de pocos amigos; cogió al presidente mestizo del cuello y lo lanzó a las turbas deseosas de venganza. Ya, junto a la cuadrilla de criminales banqueros detenidos, que no dejaban de gimotear, implorar y llorar, les dieron tal tunda de palos que no pararon hasta verlos hechos unos harapos, no se saciaban! Nadie pudo reconocerlos, jirón tras jirón, ahí, desechos. Mas tarde, los anarquistas les dieron a beber un cóctel que los banqueros nunca habían probado, produciéndoles desmayos, alucinaciones y grandes purgas físico- psíquicas. Los comunistas y ateos les cortaron la retirada con hoces y martillos sobre sus cabezas una y otra vez hasta hacerlos famosos a nivel internacional, tanto, que los parásitos de las aguas ponzoñosas, como las pantanosas, llegaron a conocerles y familiarizarse con sus nombres al tener que compartir el mismo espacio. Y al final, dado que aún seguían resistiéndose, pacifista y humanista, les lanzaron flores carnívoras en su honor, al grito de: ¡paz hermanos, paz en la tierra, paz!

Entre los escondidos en Sirte, dentro de una mansión del odiado presidente norteamericano, se encontraban elementos peligrosísimos, terroristas!!!, causantes de genocidios a la humanidad. Entre ellos: Warren Buffett, Larry Ellison, Charles Roch, David Roch, Michael Bloomberg, David Rockefeller, gentes oscuras de la o­nU reunidas con estos elementos peligrosísimos y hasta un tal Sarkozy se encontraba. El silencio de todos ellos, era sepulcral, sus miradas olían a muerte. Una vez atrapados y sin juicio popular, que ni falta que hacia según algunos, los crucificaron uno a uno formando una larga hilera de cruces en el paseo principal de la hermosa villa de Sirte; ahí, expuestos al sol, para que sus caras nunca se nos olviden. Antes del martirio de las crucifixiones, fueron apaleados, escupidos, meados y pateados por una turba de gente, hasta de niños y ancianos vengativos. El “negrito”, o sea, mestizo, imploraba piedad y perdón alegando su condición de jefe y de ser portador de un Nobel de la Paz. Pero a éste le reservaron la hoguera ¡¡¡A la hoguera, a la hoguera!!!, gritaba el populacho norteamericano. Y, en la hoguera se achicharró cual sardina de carnaval.
El mundo, por fin respiró... ¡¡¡Habían conseguido exterminar el terrorismo internacional!!!, miembros de un gobierno en la sombra, que tenían atemorizada a la humanidad!!!
Nunca mas, nunca mas, sácratas!, bandidos!, asesinos!, dictadores! Nunca mas!!!.

Los niños de Iraq, Palestina, Afganistán, Libia, Indoamérica... Los niños del mundo, de todos los rincones corrían felices; brincaban, saltaban, reían. Por fin los niños de África y de todo el planeta, podrían tener futuro, podrían comer, estar sanos sin miedo a los hombres malos porque ya, no existían! El Imperio de Las Mil y Una Noches había prometido el reparto de las riquezas, del agua, de la tierra, de los recursos naturales, dónde todo el mundo tendría un trabajo digno, una vivienda donde dormir, una sanidad para todos, una educación acorde con los valores de la humanidad, y una sonrisa bonita, larga muy larga, duradera para todos. Y, los aviones de alfombras voladoras sin ruido y sin armas fueron surcando pueblos, ciudades, mares y montañas en busca de seres malignos. El mago grandullón y gruñón volvió a su lámpara maravillosa, para ser requerido cuando se le necesite.




Abellinut terminó así de contar a sus amig@s su último cuento en una larga noche fría del desierto africano, arropados por una pequeña hoguera que iluminaba sus caras, sus sonrisas y ojos traviesos.

[ Abellinut, el contador de cuentos, murió. Murió junto a su familia al día siguiente a causa de un misil “inteligente” enviado por los hombres que dominan (“Mundo” S. A.), que no quieren sonrisas para los niñ@s.]

NOTA
Que la OTAN es un despliegue de maldad, un organismo macabro insolente, que sólo aporta terror a los pueblos, lo saben los dioses y los judas. Que al siglo XX como el XXI, los han teñido de sangre los gobiernos “demócratas” que rigen nuestras vidas, lo sabemos hasta “las brujas” que no hay un político “profesional” que no esté cubierto de sangre caminando por las alfombras de los palacios de congresos; desde la punta de los pies a la cabeza chorrean sangre, es el uniforme de la OTAN, que no lo han lavado todavía. Su proyecto en Libia, es el mismo que en Iraq: desmantelar, desmantelar, desmantelar; arrasar económicamente el país, cultura, pueblo, y privatizar una nación más -no integrada en la alianza del crimen.
[Los buitres se lanzan sobre los pozos de petroleo, sobrevuelan Trípoli, “otra ciudad de Norteamérica”. ]

sábado, 22 de octubre de 2011

La muerte de Gadafi.




Si hay un rasgo notorio en la actualidad del mundo árabe, es el grado de fragmentación en las posiciones de ese nacionalismo, que no ha podido mantener una consistencia interna para no dejarse aniquilar por las presiones de Occidente. Con la actual ofensiva neocolonial de las potencias occidentales, el histórico nacionalismo árabe al ver cada vez más amenazada su integridad, deberá optar por algún tipo de reacción. El problema es también de orden cultural y esta zona es una caja de sorpresas.

La falta de unidad en el antiguo nacionalismo árabe es evidente. Más aún cuando aumentan las diferencias entre las facciones religiosas, así como los desequilibrios de desarrollo político y económico entre las naciones.


La muerte de Gadafi y la forma en que se derrocó a su régimen, con misiones veladas y objetivos tapados por parte de la Alianza Transatlántica, tampoco colabora para apaciguar el malestar y la incomodidad islámica y árabe respecto al trato colonial de Occidente. No hay que en cegarse demasiado con estos movimientos democráticos, porque también está la llama encendida de un radicalismo que responde a siglos de dominación unilateral de algunas potencias, que esencialmente están representadas en la Alianza Transatlántica.


En este plano, la muerte del líder libio, después de una resistencia que pasará a los textos de las leyendas árabes, por su resistencia y encono a la usurpación de su poder, probablemente tenga un impacto internacional más como símbolo de un período (de ciertas dictaduras) que terminan, que como un factor sinérgico para la consolidación de los movimientos de democratización en esa región.


Lo que permanece en evidencia es el proceso que ha llevado a esta lenta agonía de un régimen derrocado con el apoyo de Naciones Unidas, reflejando la complejidad de los actuales intersticios de la política internacional, y el juego del nuevo esquema de las potencias.


China y Rusia tienen su alto grado de responsabilidad en no haber impedido la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que permitió el apoyo a la fuerza multinacional de la OTAN acudir en ayuda a los rebeldes libios y derrocar el gobierno de Gaddafi.


No podría ser de otra forma porque hay que prestar atención a varios factores que son tareas pendientes en el rol hegemónico de las potencias, no solo desde el fin de la guerra fría, sino también desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.


El manejo administrativo del planeta del gran capital internacional se ha desordenado. Las evidencias son numerosas y la más notoria está expresada en las diferencias de enfoque al interior de la Alianza Transatlántica de cómo abordar la expansión y el control global.


El enfoque de Barack Obama para lidiar con la hegemonía occidental en el mundo, es marcadamente diferente al que exhibe la tendencia predominantemente conservadora instalada en los gobiernos de David Cameron, Angela Merkel y Nicolás Sarkozy. Esta suerte de “Troika Occidental” que es en todo caso temporal responde a un eje de poder incuestionable en la alianza occidental como es el que conforman el Reino Unido, Alemania y Francia.


Es sabido que el gobierno estadounidense ha demostrado dentro de la determinación para estimular gobiernos democráticos en la región, una ostensible moderación conducente a evitar la polarización extrema de las opciones políticas que se vayan adoptando en esa región.


Reducir la influencia del radicalismo islámico ha sido la prioridad de la política exterior bajo el Gobierno de Obama, cuestión que no se ha hecho evidente en la conducta exterior de los gobiernos particularmente de Cameron y Sarkozy. Como que en estas dos personalidades políticas se concentrara todo el peso de la ansiedad histórica de dos potencias como Francia y el Reino Unido por asumir con mayor autoridad los viejos espacios del poder colonial.


Por otra parte el deceso de Gaddafi estimula el apetito neocolonial de la Alianza Transatlántica para reposicionarse en una vasta zona, que comprende el Norte de África, Medio Oriente y el Golfo Pérsico.


El anticipar con precisión el impacto político en los procesos de cambio de régimen que se desarrollan en esta zona confronta con una compleja maraña de interrogantes situada más allá de la típica dicotomía radicalismo árabe o islámico versus moderación progresista. Por mucho que estas definiciones tengan cierto arraigo en los medios, no es exactamente la visión que prevalece en cada una de las naciones que atraviesan por esta revigorización de la participación ciudadana.


El extremismo también ha sido estimulado por los resabios de la guerra fría en donde se destaca la presión de las potencias por controlar y expandirse a toda costa. Está además el factor China e India en esta región, que confunde aún más el tablero del análisis. China es el nuevo capital sin un pasado histórico negativo en la región. India lo mismo. Esto de por sí es un capital mayor.


Es en esta zona del análisis donde pueden emerger nuevas situaciones y una recomposición más autónoma de estas sociedades, poniendo distancia de la letanía del modelo occidental de democracias que comprobadamente han exacerbado las desigualdades y han permitido gestar una nueva casta de políticos y propietarios del gran capital más corruptas que las anteriores.


Desde otra visión, la muerte del líder libio deja una herida abierta en el mundo poscolonial. Con toda la alienación que haya provocado en el mundo árabe en sus 42 años en el gobierno, representaba un símbolo de la identidad y el nacionalismo de un mundo absolutamente regido por pautas coloniales del poder, que es la única forma de gobernar conocida en estos países.


2011 será recordado además por la creación de una nueva doctrina (unilateral) de la ONU para derribar regímenes. Sucedió en Libia, podrá suceder en Irán y Siria y por qué no en Corea del Norte, o Myanmar. Si ese es el nuevo diseño del nuevo orden internacional y de la nueva doctrina de un Derecho Internacional que cada vez se parece más a un cajón de sastre, (con respeto a los sastres por cierto), que a un instrumento jurídico de ordenación de convivencia internacional, será más que recomendable que la ONU y la comunidad internacional hagan pública la implementación de esta nueva doctrina.

lunes, 10 de octubre de 2011

La Revolucion comienza en casa.




Lo que está sucediendo en Wall Street es verdaderamente extraordinario. Durante 10 días, en el santuario de la gran catedral del capitalismo global, los desposeídos han liberado el territorio de los soberanos financieros y su armada policial.

Ellos han creado una oportunidad única para cambiar el curso de la historia siguiendo la tradición de otras ocupaciones pacíficas, desde las huelgas de los años 30, las sentadas de los 60 hasta los levantamientos democráticos a lo largo del mundo árabe y la Europa de hoy.

Mientras que la ocupación de Wall Street está creciendo, necesita un compromiso total de todos aquellos que animaban a los egipcios de Tahrir y se solidarizaron con los griegos y españoles. Este es un movimiento para cualquiera que no tenga trabajo, casa, seguro sanitario o simplemente piense que no hay un futuro.

Nuestro sistema está roto a cualquier nivel. Más de 25 millones de americanos están desempleados, más de 50 millones viven sin seguro médico y, probablemente unos 100 millones de americanos están rozando los límites de pobreza. Sin embargo, los peces gordos siguen obteniendo exenciones de impuestos y recogiendo miles de millones mientras que los políticos aprietan los tornillos de la austeridad en todos nosotros.

En algún momento el número de gente ocupando Wall Street – ya sean cinco, diez o cincuenta mil – obligará a los poderes fácticos a realizar concesiones. Nadie puede decir cuánta gente va a unirse o cuáles serán los cambios, pero hay un gran potencial para eludir un proceso político corrupto y comenzar a proponer una sociedad basada en las necesidades humanas y no en los beneficios de los hedge funds.

Después de todo, ¿Quién habría imaginado hace un año que los egipcios y tunecinos harían caer a sus respectivos dictadores?

En Liberty Park, el centro neurálgico de la ocupación, más de un millar de personas se reúnen todos los días para debatir, discutir y organizar qué medidas tomar ante un sistema fallido que ha permitido que los 400 americanos más ricos hayan amasado más fortuna que los 180 millones de americanos restantes.

Es asombroso que este festival autogestionado de la democracia haya brotado en el césped de los más poderosos del universo, los hombres para quien danzan los partidos políticos y los medios de comunicación. El departamento de policía de Nueva York, que ha desplegado cientos de oficiales para rodear e intimidar a los protestantes, es capaz de arrestar a todos y limpiar Liberty Plaza en unos minutos. Pero no lo han hecho, cosa que también es increíble.

Eso es porque atacar a gente pacífica en una plaza pública demandando democracia real – económica y política – recordaría al mundo la primavera árabe, cuando los frágiles autócratas arremetieron contra su gente, que pedía justicia, antes de ser barridos del poder. La violencia de estado ya ha fracasado. Después del ataque policial producido el pasado sábado a la multitud, la muchedumbre no ha hecho más que crecer, al mismo tiempo que los intereses de los medios.

La ocupación de Wall Street ha tenido éxito ya sea por revelar la quiebra de los poderes dominantes – las fuerzas económicas, políticas, las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación. Ellos no tienen nada positivo que ofrecer a la humanidad, nunca lo hicieron para los países del sur, pero ahora su búsqueda de ganancias sin límite significa profundizar en la miseria con miles de recortes y políticas de austeridad.

Incluso sus soluciones son bromas crueles. Nos dicen que la nueva tasa para ricos -Buffet Rule – sería muy dolorosa, aunque para ellos el aumento solo supondría sacrificar una lata de caviar. Mientras tanto, el resto de nosotros tendremos que sacrificar cosas como la salud, comida, educación, casa, trabajo y quizá nuestras vidas para saciar el feroz apetito del capital.

Ese es el motivo por el que más y más gente acude a Wall Street. Ellos pueden hablarle sobre hogares bajo ejecución hipotecaria, las demoledoras tasas de desempleo, el salario mínimo de trabajos sin salida, las deudas de los estudiantes, o cómo vivir sin una atención médica decente. Una generación entera de americanos sin perspectiva de futuro, obligada a creer en un sistema que solo les puede ofrecer Dancing with the stars (se refiere al programa de televisión) y gas pimienta en sus caras.

Sin embargo, contra la descripción de una generación tachada de narcisista, apática y sin esperanza hay una reivindicación reclamando un futuro mejor para todos nosotros.

Esa es la razón por la que debemos unirnos. No basta clicar “Me gusta” en Facebook, firmar una petición en change.org o hacer retweets con fotos protesta, hay que unirse a la ocupación.

Ante nosotros hay un gran potencial. Seguro, es un grito lejano desde la plaza Tahrir o incluso Wisconsin. Pero es el núcleo de la revuelta la que podría hacer tambalearse a la estructura de poder americana en la medida que lo hizo el mundo árabe.

En lugar de mil o dos mil personas uniéndose a la acampada es necesario ver decenas de miles manifestantes, protestando ante esos peces gordos que conducen Bentleys y beben botellas carísimas de Champagne con el dinero que han ganado gracias a la crisis económica y los rescates, mientras otros americanos mueren en las calles, literalmente.

A decir verdad, la escena en Liberty Plaza parece caótica y desordenada. Pero es también un laboratorio de posibilidades, y esa es la belleza de la democracia. En lugar de la monocultura que impera en el mundo, donde la vida política es una palanca que cambia cada cuatro años, la vida social está basada en el consumo y la vida económica es un engranaje dañado, la acampada de Wall Street está creando una cultura variada de ideas y formas de expresión.

Mucha gente apoya la ocupación, sin embargo dudan si unirse totalmente y rápidamente se dedican a criticarla. Es evidente que los mayores obstáculos para construir un movimiento poderoso no son la policía o el estado, sino nuestro propio cinismo y desesperación.

Quizá sus puntos de vista están reflejados en el artículo del New York Times, que ridiculiza y acusa a los manifestantes de desear un “progresismo de pantomima” y “disparar a Wall Street con un objetivo defectuoso.” Muchas de las críticas se reducen a una falta de mensajes claros.

¿Pero qué hay de malo en eso? Un movimiento completamente engranado no se arma de la noche a la mañana. Tiene que ser creado. ¿Y quién puede decir exactamente qué hay que hacer? No estamos hablando de derrocar a un dictador, aunque algunos dicen que queremos derrocar la dictadura del capital.

Hay muchas ideas sofisticadas allí afuera: acabar con la personalidad jurídica, instituir la “Tasa Tobin” en las compras y el cambio de divisas, socializar la sanidad, la nacionalización de la banca, la financiación de trabajos públicos y un genuino estímulo Keynesiano; levantar las restricciones sobre la organización del trabajo, permitir a las ciudades convertir las viviendas desahuciadas en viviendas públicas y la construcción de una infraestructura de energía verde.

¿Pero cómo podemos llegar a un acuerdo sobre alguno de estos términos? Si los manifestantes llegaran a la plaza con unas ideas preconcebidas solo limitaría el potencial del movimiento. Sus ideas habrían sido castillos en el aire – como la sanidad pública o la nacionalización de la banca – si se sumaran a demandas débiles como la tasa de los ricos, sus esfuerzos habrían sido inmediatamente absorbidos por un sistema político fallido, lo que perjudicaría al movimiento.

Eso es porque la construcción del movimiento tiene que ir mano a mano en una lucha común, basada en el debate y la democracia “radical”. De esta forma creamos soluciones únicas que tienen legitimidad. Y es lo que está ocurriendo en Wall Street.

Ahora, existen un número interminable de objeciones que uno puede hacer. Pero si nos centramos en las posibilidades, expresamos nuestro inconformismo, nuestras dudas y nuestro cinismo, y colectivamente caminamos hacia Wall Street con una posición crítica, llevamos ideas y solidaridad, podemos cambiar el mundo.

¿Cuántas veces en tu vida tuviste una oportunidad para contemplar en primera persona el desarrollo de la historia, para participar activamente en la construcción de una sociedad mejor, para caminar junto a millares de personas que piensan que la democracia real es una realidad y no una utopía?

Durante mucho tiempo nuestras mentes han estado atacadas por el miedo, por la división y la impotencia. La cosa que más teme la élite es el gran despertar. Ese día está aquí. Juntos podemos aprovecharlo.

sábado, 8 de octubre de 2011

Ante el dolor.....ante el espejo.




En alguna ponencia en Xalapa dijo la investigadora Clemencia Rodríguez que los colombianos dedicados a la investigación, el estudio, la escritura de libros, se han vuelvo "violentólogos". Tuvieron que serlo, porque la violencia se les impuso como tema en su país, en su pueblo, en sus vidas, en su espacio cotidiano. Y lo sigue siendo, a pesar de que en México se propone el colombiano como un modelo a seguir (como siempre se han propuesto dogmáticamente otros modelos, los Estados Unidos, Chile, Japón, España y un largo etcétera).

Ahora México es víctima de un Plan Colombia a la mexicana, un Plan México diseñado, impuesto desde los Estados Unidos, y bautizado con el eufemismo de "Iniciativa Mérida", para intentar ocultar su relación con el Plan Colombia.

Ahora México está viviendo este proceso que algunos llaman "colombianización": Más de 50 mil muertos; cientos, quizá miles de desaparecidos: ser el país más peligroso del mundo para prensa y periodistas (hoy, Veracruz el estado más peligroso del país); impunidad que prohija y expande la violencia contra las mujeres; agresiones graves y constantes contra los defensores de derechos humanos; propuestas de leyes para criminalizar a la población (como ya lo hacen todo tipo de grupos armados en calles, carreteras, ciudades y campos); restricción de hecho a las garantías constitucionales; y, de la mano de la militarización y la paramilitarización, una cada vez mayor injerencia del gobierno de los Estados Unidos. La principal causa de muerte de los y las jóvenes es: el homicidio.

De paso: Recomendamos leer el excelente artículo de César Rojo, "Paramilitares, protagonistas de la contrainsurgencia en Chiapas", que nos recuerda dónde comenzó esta guerra contra la población más pobre que hoy arrasa a jóvenes y viejos en casi todo el país:http://zapateando.wordpress.com/2011/10/06/paramilitares-protagonistas-de-la-contrainsurgencia-en-chiapas/

Ante tal panorama, en donde la violencia institucional diseñada para agredir a las comunidades zapatistas (Acteal, el ejemplo clave) se ha extrapolado a otros estados y agrede ahora de manera amplia e impune, los mexicanos tendremos que ser, como diría la investigadora Clemencia Rodríguez, violentólogos.

La investigadora, experta en las radios comunitarias colombianas, refirió que los investigadores colombianos, desde todas las profesiones y disciplinas, se ocuparon de la violencia: en el arte, en los jóvenes, en la comunicación, en la memoria, desde la psicología, las ciencias sociales y en todos los ámbitos.

La realidad nos está imponiendo la violencia como tema diario, y lo estamos enfrentando, excepto muy pocos analistas, quiene ya habían iniciado la lectura de esa realidad en México, aun a costa de que los tildaran de "alarmistas" –para poner solamente un ejemplo, Carlos Fazio–, el común de los mexicanos lo estamos enfrentando líricamente, empíricamente, desde el dudoso bagaje conceptual del "sentido común", pariente a veces indiscernible del "lugar común".

El resultado es una confusión lamentable, la evasión, la trivialización. De oficio, las autoridades minimizan la violencia, sobre todo la voz y el reclamo de las víctimas, y sus estenógrafos y sus corifeos la simplifican, hacen un retablo maniqueo, abusan de la tesis fascista de que las víctimas son culpables de su muerte (una implícita, y a veces no tanto, apología de la pena de muerte en los hechos, en su modalidad de ejecución extrajudicial, es decir, el estado de excepción, no declarado, sino "normalizado"). Situación que la Ley de Seguridad Nacional quiere volver estructural y permanente.

La población oscila entre el miedo (en toda su escala: del stress y la angustia al terror y el pánico) y la negación (el deseo de no enterarse de nada, como si lo que no se escuchara o no viera fuera suprimido de la realidad amenazante) y una especie de enfermedad psicosocial que podríamos llamar (el concepto se lo escuchamos a otra investigadora, Leticia Cufré) "sobreadaptación", la cual podemos ilustrar con una analogía: Nuestro olfato detecta un olor desagradable, pero si nos vemos obligados a respirarlo permanentemente, dejamos de "percibirlo".

Quienes intentan decir una palabra sobre la violencia terminan por enredarse en prejuicios ideológicos que racionalizan la violencia o la intentan "justificar". El miedo lleva a muchos opinadores a mimetizarse con el poder (con algún poder) y cada opinión se adosa a una lealtad a quienes tienen la fuerza (a alguien de ellos). Pareciera que la población padece de un masivo síndrome de Estocolmo: Ya que en su vida cotidiana se ve colonizado por la guerra, se vuelve "adicto" a quienes parecen tener el control territorial armado.

Y esto después de que la violencia avanzó desde cada uno de los puntos donde parecía estar focalizada (lugares como Chiapas y Guerrero en el Sur, y como Ciudad Juárez y Sinaloa en el Norte) al resto del territorio, con su alta cuota de dolor y destrucción del tejido social (es decir, de la carne viva de la población).

Comenzamos estas líneas con la imagen en mente (y en pantalla) de la portada del libro de Susan Sontag, Ante el dolor de los demás, en el cual la escritora estadunidense analiza imágenes, especialmente fotos, pero también grabado y cine, de la violencia, de los cuerpos muertos, de las víctimas de ella, su recepción y lectura.

Recuerda la escritora un comentario de una ciudadana de la ex Yugoslavia, quien decía entender que los habitantes de las ciudades de Europa occidental cambiaran el canal cuando aparecían en los noticieros imágenes de la destrucción en la guerra que desmembró a su país. Decía que ella misma lo hacía, cuando la guerra era en otras provincias, en otras ciudades, hasta que llegó a la suya.

Susan Sontag comenta que no es el mismo caso. El televidente que en Madrid, París o Londres cambia el canal cuando aparecen las noticias de guerra y muerte en el otro extremo de Europa no está en el mismo caso de una yugoslava que evadía enterarse de una guerra cuyo frente avanzaba hacia ella.

Así nos ocurre a muchos mexicanos: Solidarizarse o no con las víctimas de la guerra contrainsurgente en Chiapas u otro estado del Sur- Sureste casi parecía ser un acto de "internacionalismo", como si no fuera en México. Ciudad Juárez era un horror tan "fuera de lo común" que se mistificaba con seudoexplicaciones que trataban de mostrarlo como único, irrepetible en el país.

Veíamos lo que pasaba en Chiapas o en Juárez como el europeo occidental veía lo que pasaba en Kosovo, pero nos parecíamos más a la yugoslava que cambiaba el canal de la televisión por temor a constatar que su país de balcanizaba y desmoronaba bajo sus pies.

Para poder salir un día de este atolladero al que nos han conducido poderes, legales y de facto, incapaces de decir no a la guerra que nos impusieron los Estados Unidos, y en la que gustosamente han participado los gobiernos de todos los colores partidarios (tal como todos han actuado como cómplices en al contrainsurgencia antizapatista) tendremos que volvernos expertos en la violencia, pero en la verdad sobre la violencia, no es su minimización, ni en su negación, ni en sobreadaptarnos a ella. Es verdad que todos, gobernantes y gobernados, tenemos parte en la responsabilidad: Todo fue hecho ante nuestras narices, y no lo detuvimos, pero no es igual la responsabilidad, como no es igual la manera en que estamos posicionándonos ante ella. No estamos ya "ante el dolor de los demás", estamos ante nuestra imagen en el espejo, así nos lo habían dicho los zapatistas. Tuvieron razón.